"Supongo que ha llegado el momento de aclarar de dónde viene ese aire meditabundo del que con tanta frecuencia me acusan. Seguramente ha sido fácil para ustedes tildarme de viejo misántropo, y por cierto que algo de razón hay en ello. Sin embargo, la verdadera causa de mi enfurruñado silencio, de mi falta de solidaridad, está arraigada en una propensión más infantil: mi gusto por las ideas tristes.
Ya de joven padecía con los libros sobre dinosaurios y sobre otras cosas irrecuperables, pero ahora que envejezco sufro las revelaciones que me traen los hechos más sencillos de la vida. Un joven que se divierte escandalizando a los vecinos de esta calle en que vivo, una libreta de direcciones que había estado olvidada en el fondo de cualquier caja de chécheres y aparece de pronto con su garrapateo de nombres, con su carga de recuerdos y olvidos dolorosos... Cualquier cosa de esas.
Todas esas cosas; y entre todas ellas, una imagen que me ronda desde hace algunas semanas. A veces, sobre todo los sábados por la tarde, cuando estoy sentado frente al televisor o ante mi caña de pescar, sufro la ilusión de que un hombre joven a quien nunca antes he visto se acerca por mi espalda y, tras tocarme el hombro para llamar mi atención, me da una horrenda cuchillada en el abdomen. Luego, con el ceño apretado y los ojos burlones, se sienta frente a mí -que me desespero viendo tanta cosa- y me dice:
-Lo ves, viejo. Eso siempre ha estado ahí. En realidad, eres toda esa mierda que llevas por dentro.
Pero no crean que esto logra asustarme. Más bien me entristece, me desconcierta al poner frente a mí la evidencia de que la víscera más aterradora, la que se agita con mayor inquietud, la menos apetecible para un gusano receloso, es el corazón.
Lo peor, sin embargo, es que después de estos "encuentros" me veo obligado a salir de compras, a correr la aventura de encontrarme con ustedes por ahí.
Por eso esta carta: porque aún guardo la esperanza de que sabrán comprender mis amarguras. No dejen por lo menos de intentarlo.
El bueno de Dios sea con ustedes.
Amorosamente,
R. C."
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