domingo, 30 de diciembre de 2012

Mamá viaja por la noche


Hace unos días he recibido la visita de mi madre. Cada vez que la veo de nuevo -ya sea después de un par de semanas o tras una larga temporada de ausencia- tengo la ilusión de verla emerger de una inmensa negrura. Supongo que esto tiene mucho que ver con los dos infartos que sufrió hace unos años. Fueron dos ataques terribles que, según su médico, no le destrozaron el corazón por puro milagro.
Y he aquí que antenoche realizó un viaje de nueve horas para venir a Cartagena a resolver algunos asuntos pendientes con el abogado que le está diligenciando la pensión. Durante dos días fuimos de un despacho a otro bajo un sol de cuarenta grados, sin que ninguna alusión a su corazón enfermo fuera suficiente para arrastrarla por más de media hora al reposo de un restaurante o el sosiego sombreado de alguna plaza del Centro.
Después de aquel trajín, me ha sido imposible luchar contra la nostalgia de "las matas abandonadas" en el jardín de su casa, y anoche emprendió el viaje de regreso, dejándome la impresión de haber vagado todo este tiempo de la mano de un ser inconcebible. Me ha dejado también el deseo de escribir su historia y al mismo tiempo -para precoz desconsuelo mío- la comprobación de que tal empeño demandaría una cantidad de páginas incontables y un talento que tal vez no tengo. Por tal razón, quiero limitarme a presentar dos realidades que ella ha hecho surgir ante mí.

La primera está formada por la población de sujetos maravillosos que habitan mi olvido. Es casi aterrador darse uno cuenta de todo lo que va dejando de recordar: cada una de las personas que alguna vez nos dijeron una frase cariñosa, quienes tuvieron un gesto compasivo para nuestra debilidad o alimentaron la fantasía de nuestros primeros años... Todos por igual relegados a un limbo injusto y demasiado propenso a perderse para siempre. Digo esto porque quiero agradecer y renovar la alegría (esa alegría infantil que nos dan las revelaciones) de hablar con mi madre acerca de algunas personas, muertas en su mayoría, en quienes no había vuelto a pensar una sola vez durante los últimos diez años.
Ahí está Ñelo con la blancura verdosa de su ojo derecho, su caminar inflexible apoyado sobre un bastón de cañaguate, el sombrero vueltiao y la aseguranza cruzada con una pita sobre la barriga que sobresalía por la camisa rala, siempre desabotonada.
Y la señora Rebeca, "plebe y dicharachera", abuela de Sorangel, la indiferente novia de mi infancia.
Y el finado Gustavo, que se sentaba en un taburete a la puerta de su casa y nos atrapaba en vuelo para sacarnos la "pelleja" (la técnica consistía en cogerno el pellejo de la barriga entre el dedo pulgar y el índice, estirarlo de golpe hacia arriba y soltarlo en el momento justo para ver que tanto sonaba: a más decibeles, más gordo y saludable estaba uno).
Y la diminuta señora Cristi, con sus ojitos tibetanos: abuela de Eni, nuestra nana de doce años.
Y la señora Carmen, tía lejana de mi padre, que tuvo el más famoso criadero de caballitos de palo y murió insuperada en la fórmula para hacer "arropillas".
Y el Bony, un vecino que usaba patillas al estilo escocés y de quien siempre tuve la impresión de haberle visto afeitándose con su navaja automática.
Y Pello Lindao, el gigantón, siempre dormido en una cama minúscula de la que sobresalían sus piernas desde la pantorrilla.
Y Lascarro, el viejo de la gripa interminable y los pantalones de campana, que se robaba el alambre  de púa que cercaba el cementerio para fabricar bases de tinajas.
Y Ruiz, el viejo Yenco, ñato empedernido y tontuelo de vocación: el árbitro que gritaba las faltas en vez de pitarlas; el que se anticipó a los teléfonos con cámara cuando le pidió al hijo, que vivía en Venezuela, que le comprara unos zapatos igualitos a los que tenía puestos; el inspector de policía que fue sorprendido robándose una mata de yuca.
Y al final de todos, admirado por todos, Nicanor Ortiz, mi tío-abuelo, fabulador empedernido que hace varias décadas llenó de narraciones fantásticas las noches de un pueblo sin luz: el hombre ciego que, al resplandor de los candiles, perpetuó, hecha leyenda, la historia de unos hombres cansados, analfabetos y nobles, y de unas mujeres ricas en mitos y agüeros, sabias para la crianza de los hijos y pacientes amansadoras de la tierra.

Lo otro que me ha regalado la visita de mi madre es la imagen -más o menos patética- de un bus que hiende los cientos de kilómetros de oscuridad que la separan de casa. Pero ya en este punto no logro verla a ella (a quien acompañé a la estación y despedí sin ganas de llorar pero sintiéndome más triste y más solo que nunca): no logro imaginarla unida a la imagen de este bus que viaja tan rápido hacia un amanecer en tierras lejanas.
El bus es un animal oscuro (un cuervo, un búfalo a trote sobre las secas praderas interminables) que se mueve veloz tras un chorro de luz: un animal inmenso, inmemorial de tan soñado, dueño de un corazón infatigable que lo empuja hacia las entrañas de las tinieblas... y sobre ese corazón viaja mi madre, sosegada sobre los brazos de su propio cansancio, dueña de todo eso que nunca podré saber acerca de mí mismo: dispuesta a aparecer mañana ante mis hermanas, a surgir ante ellas, como el sol, desde la inmensa negrura de la noche.


jueves, 6 de diciembre de 2012

Algunas imprecisiones


Aproximación al ejercicio de escritura creativa

Norman Paba


No se puede escribir literatura como si ya no hubiera una literatura anterior. No se puede deshonrar a los muertos y luego fingir que se descubre la poesía. Hay en la verdadera literatura un acto de contundente honestidad creadora, de misterio y de inevitable revelación. Pero también hay un arduo trabajo y un entrenamiento constante, porque no existe arte sin holocaustos, y el verdadero escritor tiene que aprender a separar el texto bien escrito de la obra maestra. La escritura de todo poema es inevitablemente un acto de amor y de fe que se justifica por sí solo. Casi siempre es un acto de amor desesperado y suicida llevado hasta las últimas consecuencias.
     La poesía es misterio y revelación, encuentro y cruce inevitable de lecturas. Porque los escritores son ante todo lectores, pero no todo lector es inmediatamente un escritor. Cortázar, a través de Horacio Oliveira en Rayuela, nos habla de libros desencadenadores, dichos libros son capaces de motivar la lectura de otros textos y por consiguiente de generar en el lector nuevas perspectivas respecto al mundo y a su concepción del arte. Mi primer libro desencadenador fue Trópico de Cáncer de Henry Miller, tenía 15 años; en un momento de sus páginas el narrador recorre las calles hambriento y enfermo de gonorrea y desesperado como solo puede estarlo un escritor en ciernes bajo la lluvia de París, pero su cabeza gira obsesiva en torno a su obra; él puede robar o trabajar o curarse pero el hambre y la enfermedad pasan a un segundo plano, su literatura ocupa su última esperanza, lo que él tenga que decir no lo dirá su cuerpo podrido, ni su conciencia torturada; lo dirá el manuscrito que celosamente guarda entre sus manos, mojado por el rocío y de algún modo bendecido por la belleza; después de leer esto quedé francamente deslumbrado y pensé inmediatamente que sí, que ese era el camino, que por allí iba la cosa. Esa imagen me pareció reveladora: el tipo aplastado por la mierda que sacrifica su cuerpo en pos de su obra. Carajo, yo la parafraseo horrible, pero el maestro que es Miller me hizo despertar por primera vez al compromiso. Era un mártir y de la hoguera de su cuerpo florecía la Literatura misma, esa que es honesta, que galopa entre generaciones y ojos, entre sensibilidades y sexos, entre actitudes y voluntades.
     Algunos años después recuperándome de una pelea en un bar, y con un ojo vendado y la nariz rota y hematomas adornándome como negras flores de odio, comencé a leer Sexus, el primer libro de la trilogía de La Crucifixión Rosada. Nuevamente el poder de Miller me embrujó de principio a fin. Supongo que leerlo en ese estado es ya de por sí un homenaje, quizá inconsciente durante aquella convalecencia pero ahora totalmente claro y revelador, a lo que una vez comprendí de ese momentáneo pero infinito lugar de su libro.
"Trópico de cáncer" de Henry Miller     Si algo detesto es adoctrinar conciencias, o creer que a partir de mi experiencia puedo iluminar sonrisas alrededor, eso es patético, como patético es sentarse y creer con los ojos desbordantes de adoración casi orgásmica que otro ha abierto una puerta inexpugnable o tiene un secreto tan gigantesco y asquerosamente cierto que necesita ser contado, eso es despiadada mediocridad; si piensas de esa manera estás de antemano deshabilitado para el feroz viaje de la literatura. Todo poema es unidad autosuficiente, objeto único cuya manera de ser abordado y hecho es prácticamente intrasmisible, incomunicable. En la poesía no hay secretos, ni hay fórmulas, de haberlas todos los poemas del mundo serían iguales; la poesía es un acto individual de creación y perplejidad. La poesía, como el sexo y la experiencia mística, es intraducible a dos o tres recetas, lo que nos queda es el respiro o la impresión del respiro, y la exhalación, lo que nos queda es el temblor post-coito y esa absoluta sensación de haber volado.
     Hay una definición de Emily Dickinson que, en grandiosa inocencia y fuerza, nos ofrece una visión abrumadora: «Si leo un libro y ello me deja el cuerpo entero tan frío que ningún fuego puede calentarme, sé que eso es poesía. Si tengo la sensación física de que me arrancan la tapa de los sesos, sé que eso es poesía. Estas son las únicas maneras que conozco». 
(1)
     En todo caso lo mejor es no tomar ninguna de las cosas aquí dichas al pie de la letra, aunque sean hermosas, los poetas suelen mentir. Ojala ahoguen en fuego este manuscrito antes que sus retinas encuentren el punto final. Es muy probable que mañana piense de otra manera, pero también es cierto que aún mantendré algunos puntos fundamentales en mi visión global de la poesía y la Literatura.
     Como he dicho o he intentado decir, mi intención no es dictar leyes ni motivar a nadie, mi intención si es que hay alguna, es clarificar ideas en torno a lo que considero es un escritor, qué hace, y por qué un buen puñado de estos es preferible a toda la literatura que se escribe actualmente. Yo por mi parte trato de no leer poetas vivos, exceptuando alguno que otro iluminado. La verdadera lucha es con los muertos que han sabido pelear contra el tiempo devorador de todo, excepto del verdadero arte. El tiempo tiene un gusto excelente.
     Considero que el poeta solo es poeta mediante la poesía, que el poeta está atrapado en ese título gigantesco mientras la poesía toma posesión de su cuerpo y de su voz, por lo demás es solo otro hombre común y corriente que come, caga, y duerme. Entonces no hay necesidad de mirar arriba y recibir consejos, nadie puede darlos.
     Tampoco hay necesidad de tanto entusiasta de la literatura a medio minuto del Nobel, eso abunda en este lugar que se ufana de ser país de poetas (lamentablemente no hay celdas ni mazmorras para meter tanto payaso, y creo que seguramente algunas ONGs de derechos humanos denunciarían el asesinato sistemático del ridículo, esa clase de ratas están protegidas por la suerte de la época).
     Ha habido poetas, es cierto, pero los que quedan actualmente son contados, cualquier persona con dos dedos de frente y medio ápice de sensibilidad sabe que eso es una triste mentira para justificar festivales insulsos con poetas aún más malos venidos de los aún más recónditos lugares donde solo habita la pésima escritura. Y ni hablar de las lecturas de “poesía”. Me hacen recordar a Bukowski cuando dice que Dios creó mucha poesía pero hizo muy pocos poetas. 
     La belleza abunda y eso es algo que dos o tres o mil castrados espirituales no comprenderán jamás; no hay que ser un genio para hallarla, ella se siente como se siente la cercanía de una mujer hermosa, como sientes el mar, como sientes el beso de la brisa en agosto. Solo basta recordar la frase que Borges en su conferencia en el Teatro Coliseo de Buenos Aires “¿Qué es la poesía?” atribuye a Browning: «Cuando nos sentimos más seguros sucede algo. Una puesta de sol. El final de un coro de Eurípides. Y otra vez estamos perdidos» (2). Robert Browning, te agradezco esta certeza, es un golpe, y una hermosa amenaza.
     Por otro lado, no estoy en contra de los talleres de literatura. Pienso, y supongo que no es cuestión de pensar sino de corroborar, que la actual literatura norteamericana debe su fuerza y gran parte de sus nuevos talentos a los estudios, de grado y postgrado, que desde muchas universidades impulsan la escritura creativa. Raymond Carver, Junot Díaz y Denis Johnson son solo tres elocuentes ejemplos. En todo caso siempre hay que tener presente que la literatura se hace en soledad y todo escritor, si quiere por lo menos un par de logros decentes, debe estar completamente seguro de que tendrá que estar solo; los talleres de literatura sirven en la medida en que perfeccionan tu talento, pero un mal escritor que asiste a un taller seguirá siendo un mal escritor luego de salir de allí, no hay truco en eso. Yo mismo he conocido a algunos fantoches que están en cuanta mierda existe y supongo que su “literatura” es inversamente proporcional a sus esfuerzos, y por qué no, a sus egos, desafortunados mecanismos de defensa.
     En todo caso pienso que el taller fundamental es la noche. Huyendo de las balas y de las putas frenéticas y sus navajas. Para mí no es posible alejar la poesía de la sensación de peligro que ésta entraña. Me recuerdo caminando las calles con la rumba viva dos o tres días después de comenzada, metido en callejones sin ninguna esperanza y de repente suena una canción de Pink Floyd en el cielo y todo se inunda de música y yo respiro cada cosa que existe y arde. Recuerdos así me hacen comprender que el paranoico ángel de la poesía me persigue con celo envenenándome de belleza cautiva. Hay poesía sin poemas. Paisajes, personas, hechos tan salvajemente brillantes y hermosos que suelen ser poéticos. Poesía que no se viste de poema. Poesía travestida de vida.
     Aquí es imposible dejar de lado ese hermoso poema 23 de Alejandra Pizarnik en Árbol de Diana:

"Árbol de Diana" de Alejandra PizarnikUna mirada desde la alcantarilla
puede ser una visión del mundo
la rebelión consiste en mirar una rosa
hasta pulverizarse los ojos. 
(3)

     Para mí la poesía es un acto tan o más poderoso que el asesinato; poesía es también sublimación. Sábato en una de las conversaciones con Borges, realizadas entre diciembre de 1974 y marzo de 1975, dice un dato que me parece interesante, menciona a Shakespeare y arguye la posibilidad de que el escritor inglés haya dado especial importancia en sus obras a los crímenes y asesinatos para no tener que cometerlos. La poesía, si es seria, es la verdadera rebelión. Siempre he tenido en cuenta una frase de García Márquez que encontré como epígrafe en un capítulo de una novela genial de José Sbarra llamadaMarc, la sucia rata: «El mundo sería igual sin literatura. En cambio, estoy convencido de que sería completamente distinto si no existiera la policía. Pienso, por tanto, que habría sido más útil a la humanidad si en vez de escritor fuera terrorista» (4). Esto hay que ponerlo en una placa arriba del escritorio y tenerlo presente para nunca olvidar: más hubiera ganado el mundo si en vez de libros hubiera puesto bombas en cuarteles de policía; la literatura no es para güevones. Lo que hagas hazlo hasta las últimas consecuencias. Y recuerda que:
Es derecho de nosotros, los poetas,
estar en pie ante las tormentas de Dios,
con la cabeza desnuda,
para apresar con nuestras propias manos el rayo de luz del Padre, a él mismo.
Y hacer llegar al pueblo envuelto en cantos
el don celeste. 
(5)
"Marc, la sucia rata" de José Sbarra
        Ten siempre presente a Hölderlin.
     Entiende también que, aunque seas bueno, ya existe Artaud clarividente, y también Rimbaud respiró y luego nos enseñó que se puede ser grande y darle la patada en el culo a la Belleza e irse a comerciar armas a Abisinia (en lo posible se debe comerciar armas o personas o drogas). Saint-John Perse restituyó de plenitud y sentido al vértigo, y claro, René Char, el poeta combatiente que practicaba el arte de las emboscadas bajo los negros cielos de la Segunda Guerra Mundial, volvió visible el misterioso significado perdido de cada palabra. Eres solo una llama que se arroja al incendio gigantesco de la noche para iluminar el mundo o lo que queda de él.
     Los poetas nacen, crecen, y mueren, los verdaderos poemas permanecen más allá de las vidas. (Hay un poema de Charles Bukowski que de manera más dramática y tal vez patética, pero por qué no más bella y lucida, dice lo anterior; no lo mencionaré aquí inmediatamente, lo dejaré al final del texto, para quien quiera leerlo).
     Este mundo está lleno de magnífica poesía escrita. Pienso en Ezra Pound, de lucidez abismal, aislado primero en una jaula en Pisa y luego encerrado en el manicomio de Santa Isabela, a las afueras de Washington; pienso en sus Cantos y en Personae y en el movimiento imaginista, en su libertad y su revitalización del lenguaje simbólico, en su gran amigo y discípulo T. S. Elliot. Pienso en toda la poesía posterior a ellos, en el hecho de que leerlos significa olvidarlos inmediatamente, exorcizarlos del cuerpo con Dylan Thomas, con Ginsberg, con Silvia Plath (así funciona con Hemingway y Faulkner, leer uno hasta la ceguera y luego recuperar la vista paulatinamente con el otro).

"Madame Bobary" de Gustave Flaubert"The Cantos" de Ezra Pound

     Si tienes influencias no las insultes lanzándolas como putas baratas en los textos. Escribe hasta depurarlas, hasta que te sangren los dedos. La voz propia es apenas un resultado inevitable del proceso. En todo caso hay que trabajar duro, constantemente; decían que Flaubert duraba una tarde quitando una coma y la tarde siguiente poniéndola. No hay necesidad de publicaciones prematuras, ni siquiera hay necesidad de publicaciones. Hablando de Flaubert, recuerdo que Raymond Carver menciona en una entrevista, llamada “De qué hablamos cuando hablamos de minimalismo”, que durante los primero trámites de publicación de Madame Bovary el novelista fue instado por los editores a cambiar el contenido de algunas hojas y a cercenar otras, él se negó, los editores amenazaron con cancelar todo, él respondió que podían seguir siendo amigos, pero que había aprendido a diferenciar perfectamente el negocio literario de la literatura. Esto es una gran enseñanza. Imaginen un mundo con Madame Bovary censurada por el miedo y el pudor y el dinero. Ante esto prevaleció la voluntad creadora del escritor, la honestidad última del verdadero artista; el mundo editorial está saturado de poetas mediocres, de novelistas perdidos, de vendedores de almanaques con pretensiones de inmortalidad; piensa que, si no vas a dar arte, mejor harías dedicándote a cualquier otro trabajo, no te maltrates ni maltrates la belleza, sé digno y enfréntate a la derrota en silencio, no hagas de tu miseria un estruendo de hojas; y no hagas el ridículo de esos farsantes embebidos en trances pseudomístico-narcisistas que tildan a la poesía como refugio y la declaran salvadora de sus inútiles culos. La poesía, como Hölderlin nos enseñó, es un oficio peligroso, es mirar a los ojos de la bestia y perderse. Si quieres salvación compra un revólver. Si quieres salvación comienza a orar. La poesía, si es honesta, solo debe salvarse a sí misma.
     Respeta sobre cualquier cosa al lenguaje, ya que el poeta se debe a este. El lenguaje es lo que queda después de la conflagración primordial. Las palabras hay que pulirlas, labrarlas, acerarlas; las palabras son organismos en estado de perpetuo nacimiento y se entregan al verdadero poeta como símbolo de la unión de este con su propia naturaleza; escribir poesía es indagar entre el océano de posibilidades plásticas y eléctricas del lenguaje; las palabras exactas siempre comulgan fuerza y belleza, comunican el mar con el cielo.
     Siempre he creído que los hombres nacen con un determinado número de palabras, he creído o me he convencido de creer en esto, para cuidarme de no desperdiciarlas en mis textos como si fueran luz desesperada. No puedo andar escupiendo y balbuceando como cualquier mediocre local, si vas a decir algo, dilo, déjate de rodeos; si el texto necesita que seas extenso, sé extenso, si por el contrario el poema se contiene en una corta respiración, no lo fuerces; lo realmente maravilloso del oficio del poeta es que las mismas palabras se van escogiendo unas a otras. Borges, cuando comenzaba a escribir, ya tenía una idea general del principio y del final, pero él mismo dice en alguna entrevista y María Kodama lo reafirma en alguna otra, que durante la escritura de sus textos, fueran cuentos o poemas, sentía que cada letra se iba colocando en su lugar como si de antemano hubiese sido escrita desde siempre. Yo estoy de acuerdo con Borges en esto y en lo implícito de la frase: la poesía es cadencia y ritmo. No en vano, Carlos Edmundo de Ory, gigantesco poeta español, vilmente sepultado en vida, decía que el poema no tenía ninguna relación con la novela, que estaba más directamente emparentado con la música. El poema no es una forma literaria, el poema es el lugar de encuentro entre la poesía y el hombre.
     También son importantes las cosas que dejamos afuera de los textos, pues siguen implícitas como fantasmas del sentido en ese lugar donde la intuición se mezcla con la sensibilidad y el placer de la lectura; es posible tener una idea clara del poema antes de empezarlo (a la manera de J. L. B.), o es posible que gritos interiores y también silencios dicten el poema (de Ory), pero es también bastante sabido que la corrección de los textos es parte del trabajo arduo y que durante esta corrección mucho se deshace, se borra, se rompe, se sangra, se pelea. El poema perfecto, una visión del poema perfecto, sería el que contenga el mundo entero sin esbozarlo. El poema que fuera universo y hermosa sencillez, levedad, fuerza sonora. Magia. Disparo. Noche. Felicidad.
     No te preocupes por quién habla en tus poemas. Los temas, si es que dicha cosa existe, te buscan a ti. No dejes que la técnica le gane a la música. No llenes de ruidos inútiles tus versos. No escribas influido por trucos o ingenios que solo reflejan mediocridad; hay mucho constructor de artefactos literarios que se oculta tras un par de cosas correctamente escritas, pero ausentes de cojones o alma. La literatura tibia es asunto del olvido. Lo triste es que con nosotros solo podemos llevarnos la satisfacción de haber hecho y dado lo mejor, y la mayoría de estos sujetos mediocres viven entorpeciendo la comprensión de lo que supuestamente aman.
     Solo lee constantemente y escribe y quema. La poesía es afirmación que reordena el universo. La poesía se copula constantemente a sí misma y es el resultado de sus propios gemidos. La poesía es adoración ritualizada de la belleza fundamental. Es tormenta contenida en desierto. Es exilio al país de los fuegos perpetuos.

Carver: alumno de escritura creativa
Carver: alumno de escritura creativa

     Ahora dejemos que hable Bukowski:



MANUAL DE COMBATE
dijeron que Céline era un nazi
dijeron que Pound era un fascista
dijeron que Hamsun era un nazi y un fascista.
pusieron a Dostoievski frente a un pelotón
de fusilamiento
y mataron a Lorca
le dieron electroshocks a Hemingway
(y sabes que se pegó un tiro)
y echaron a Villon de la ciudad (París)
y Maiakovski
desilusionado con el régimen
y luego de una pelea de enamorados,
bueno,
también se pegó un tiro.
Chatterton tomó veneno de ratas
y funcionó
y algunos dicen que Malcom Lowry murió
ahogado en su propio vómito
borracho.
Crane se tiró a las hélices
del barco o a los tiburones.
El sol de Harry Crosby era negro.
Berryman prefirió el puente.
Plath no encendió el horno.
Séneca se cortó las muñecas en la
bañera (es la mejor manera:
en agua tibia)
Thomas y Behan se emborracharon
hasta morir y
hay muchos más.
¿y tú quieres ser
escritor?
es esa clase de guerra:
la creación mata,
muchos se vuelven locos,
algunos pierden el rumbo y
no lo pueden hacer
nunca más.
algunos pocos llegan a viejo.
algunos pocos hacen plata.
algunos se mueren de hambre (como Vallejo).
es esa clase de guerra:
bajas por todas partes.
está bien, adelante
hazlo
pero cuando te ataquen
por el lado que no ves
no me vengas con
remordimientos.
ahora me voy a fumar un cigarrillo
en la bañera
y luego me voy a ir a
dormir. 
(6)


"Guerra sin cesar" de Charles Bukowski"Obras completas" de Jorge Luis Borges"Aclaraciones a la poesía de Hölderlin" de Martin Heidegger


     —————
     (1) De Ory, Carlos Edmundo, Poesía y definición. Pág. 4.
     Disponible en http://www.infopoesia.net/pdf/Carlos%20Edmundo%20de%20Ory.pdf.
     (2) Borges, Jorge Luis, Ciclo de conferencias. Pág. 43.
     Disponible en http://www.razonesdeser.com/informes3/Sietenoches.pdf.
     (3) Pizarnik, Alejandra, Obra completa, Medellín, Árbol de Diana, 2000, pág. 206.
     (4) Sbarra, J. Marc, La sucia rata. Pág. 45.
     Disponible en http://www.tevoyaatornillar.com.ar/tvaat1/PDF1/JoseSbarra.pdf.
     (5) Heidegger, Martin, Hölderlin y la esencia de la poesía. Pág. 11.
     Disponible en http://www.raco.cat/index.php/Convivium/article/viewFile/76281/98533.
     (6) Bukowski, Charles, Manual de combate.
     Disponible en http://hankover.blogspot.com/2008/11/manual-de-combate-by-charles-bukowski.html.

     Bibliografía
     —Barone, Orlando, Diálogos: Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato, Buenos Aires, Emecé, 2007.
     —Borges, Jorge Luis, Borges literal: transcripción de las conferencias pronunciadas por Jorge Luis Borges, entre junio y agosto de 1977, en el Teatro Coliseo de la Ciudad de Buenos Aires. Buenos Aires, Umbriático, 2006.
     —Capote, Truman, Music for chameleons, New York, Random House, 1980.
     —Carver, Raymond, La vida de mi padre: cinco ensayos y una meditación, Santa Fe de Bogotá, Norma, 1997.
     —Cortázar, Julio, Rayuela, Bogotá, Alfaguara, 2004.
     —Chejov, Anton, Consejos a un escritor: cartas sobre el cuento, el teatro y la literatura, Madrid, Talleres de Escritura Creativa Fuentetaja, 2005.
     —Miller, Henry, Tropic of Cáncer, Toronto, Granada Publishing, 1965.
     —Paz, Octavio, La casa de la presencia: poesía e historia, México, Círculo de Lectores, 1994.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

De Pessoa, sin cariño


"He sufrido la humillación de conocerme".

***

"Busca un puerto lejano una nave desconocida
Ese es todo el sentido de mi vida"
.

***

"A veces me pongo a mirar una piedra.
No me pongo a pensar si siente.
No me extravío llamándole hermana mía.
Pero me gusta por ser una piedra,
me gusta porque no siente nada,
me gusta porque no tiene ningún parentesco conmigo.
Otras veces oigo pasar el viento,
y me parece que sólo para oír pasar el viento vale la pena haber nacido".

***


"Con pequeños malentendidos con la realidad construimos las creencias y las esperanzas, y vivimos de las cortezas a las que llamamos panes, como los niños pobres que juegan a ser felices".