martes, 17 de abril de 2012

Historia local de la infamia 2: Las oscuras razones de Abdulio Censontle

Lo que era a Abdulio, la situación se le estaba volviendo insoportable, sobre todo cuando comprendía que aquello no era más que una plebe y elemental falta de caracter. Sin embargo, lo peor vino después, cuando empezó a volverse incapaz de trabajar o ir a la despensa de la esquina.

        Al final (es decir, en los días en que lo encontramos tirado en medio de la acera, con una pea del putas) únicamente conseguía moverse a la acción con ayuda del remordimiento: sólo el sentirse vil y miserable le procuraba las pocas ganas que tenía de no tirar la toalla. Así es que se hizo ladrón de poca monta, mentiroso, onanista, puto barato... buscando las fuerzas necesarias para seguir viviendo.

lunes, 9 de abril de 2012

Historia local de la infamia: Perfil de un hombre sudoroso


Quién iba creer que a Celso Andujar -un hombrón de ojos bizcos y finos ademanes mujeriles- le sudaran tanto las manos. Era, sin exagerar, como una colegiala a punto de hacer su presentación de canto el día de las madres. Esto lo descubrimos el jueves santo por la noche, cuando llegó a la fiesta y nos dio ese saludito tímido y nervioso que es marca inobjetable de quienes -puertas adentro- sacian sin piedad sus más bajos apetitos.
        El resto de esa noche todo fue tomar, bailar, olvidarse de las penas propias y ajenas. A eso de las cuatro, cuando quisimos en vano emerger indemnes de aquella borrachera, Celso se había puesto a llorar sobre el hombro de la amiga que lo trajo. Sin exagerar, hay que decir que ninguna colegiala es capaz de llorar con tanta pureza y enjundia.