A lo mejor, como es costumbre, nunca escriba nada. Después de todo, me han dicho que esas cosas son necesarias, y a mí se me antoja que las cercas (y toda su familia de muros y murallas) sólo están mal según desde dónde se las mire.
Porque es el error lo único que justifica el tesón de estas ganas de vivir: sólo el inevitable deseo de que las cosas no sean como tienen que ser.
martes, 30 de julio de 2013
La historia de una cerca...
Producto de mi vieja costumbre de andar por ahí viendo lejos, me ha nacido en estos días el deseo de escribir la historia -nada moralizante, en sí misma- de la bonita cerca -alta y lisa, estucada en blanco impecable y con corona de espinas- que separa un lujoso edificio de los Morros de las casuchas miserables que anuncian la entrada a La Boquilla.
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