Siempre recuerdo lo que me dijo papá aquella madrugada de diciembre, pocos días después del escándalo en que se vio envuelto por abofetear a un médico amigo suyo. Iban a ser las cinco, y él y yo nos habíamos sentado en al anden para vigilar a los niños mientras jugaban con las velitas de la Concepción.
-El mundo -me dijo cuando le pregunté por las "verdaderas" razones que había tenido para golpear a su colega- siempre te obligará a mostrarte muy sensato o muy estúpido. Por más que te resistas siempre es la misma vaina y, si quieres ser honrado, el único deber digno que te queda es mirar a tu alrededor y tratar de comprender.
Con los dedos tomó la cera derretida de una vela que tenía a su derecha e hizo una bola del tamaño de una canica.
-Si uno es de los que no entiende nada de nada, debe ser sensato y no preocuparse. A fin de cuentas en esas anda la mayoría de la gente. En cambio, si uno es de los que descubre siempre el verdadero valor de las cosas, debe buscar algo que lo atonte y lo libre de la locura que es el pago de esa lucidez...
Hizo una pausa y levantó los ojos para ver qué hacían los niños. Luego miró hacia el cielo, que estaba pasando de negro a gris.
-Como puedes ver,la sabiduría no es una vocación.
Hizo una pausa y levantó los ojos para ver qué hacían los niños. Luego miró hacia el cielo, que estaba pasando de negro a gris.
-Como puedes ver,la sabiduría no es una vocación.
Después de eso se quedó callado, entregándose por completo a pulir su canica de parafina. Supongo que esperaba alguna respuesta, pero preferí callarme.
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