lunes, 9 de abril de 2012

Historia local de la infamia: Perfil de un hombre sudoroso


Quién iba creer que a Celso Andujar -un hombrón de ojos bizcos y finos ademanes mujeriles- le sudaran tanto las manos. Era, sin exagerar, como una colegiala a punto de hacer su presentación de canto el día de las madres. Esto lo descubrimos el jueves santo por la noche, cuando llegó a la fiesta y nos dio ese saludito tímido y nervioso que es marca inobjetable de quienes -puertas adentro- sacian sin piedad sus más bajos apetitos.
        El resto de esa noche todo fue tomar, bailar, olvidarse de las penas propias y ajenas. A eso de las cuatro, cuando quisimos en vano emerger indemnes de aquella borrachera, Celso se había puesto a llorar sobre el hombro de la amiga que lo trajo. Sin exagerar, hay que decir que ninguna colegiala es capaz de llorar con tanta pureza y enjundia.

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