jueves, 16 de marzo de 2023

La odisea de Penélope

―Ya es tarde y debo apurarme ―dice Roberto, que está sentado en el borde de la cama amarrándose las botas de trabajo. 

Su mujer, que lo escucha desde la cocina, termina de llenarle la taza. Con lo afanado que anda, Robert ni siquiera probará el café, que hoy tiene clavos, como ella sabe que le gusta. Antes de irse, él tiene la costumbre de dejarle un beso en la mejilla. Ella lo espera en mitad de la sala con la taza en la mano, disfrutando el presentimiento de ese beso. ¡Cuánto le gustaría hablarle a Roberto sobre lo que siente cuando el olor del café y el de su cara recién lavada se mezclan en el aire profundo de la mañana! Pero él anda siempre tan afanado... 

―Hoy vendré a almorzar temprano ―le informa después de besarla, y cierra la puerta tras de sí. 

Ella, sin afanarse, devuelve el café a la jarra, y desde ya se distrae pensando en la mejor manera de deleitar a su querido Roberto, que hace diez años dijo que volvería temprano para el almuerzo, que lo esperara temprano, recuerda ella que dijo, antes de cerrar la puerta.

1 comentario:

  1. Penélope sabe que debe esperar veinte años y que ninguna Calipso podrá borrar en el recuerdo de él, ese momento.

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