--Como se puede apreciar --dijo la rata, que hacia el final de su discurso se veía realmente indignada--, es evidente que cualquiera tiene el derecho y hasta el deber de exterminar a los ratones que encuentre husmeando en su despensa. Con lo cual, pido que se me declare inocente.
El juez supremo de la roedora república, amparado por Dios y envestido en la autoridad que le otorgan la ley y la justicia, la absolvió.
Como puedes ver, ahora soy tu activa lectora comentadora. Me gusta mucho y espero más entradas.
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